OrigiReto 2020 Marzo: 11-M-11

 

¿Vosotros que sois más, cigarras u hormigas? Siempre se ha dicho que los japoneses son hormiguitas, pero no estoy de acuerdo ya que en el cuento incluso las hormigas descansaron en invierno; los japoneses no descansan jamás.

 

11 de marzo de 2011:

Como en la canción de Tenesse, iba corriendo porque llegaba tarde a clase. El tiempo en correos se había alargado más de lo esperado. Llegué al kokusaikoryukaikan  y me sorprendió ver a todo el mundo pegado al televisor del hall de la entrada. Subí las escaleras corriendo y saludé a mi profesora:

 

―Buenas tardes, Kobayashi sensei, disculpe el retraso.

 

La clase empezó como siempre, un poco de gramática, algo de conversación… cuando de pronto sonó un teléfono, una secretaria contestó y nos dimos de bruces con la realidad:

 

―Ha habido un terremoto y un maremoto en Sendai ―dijo la secretaria al colgar

 

Nos levantamos y fuimos a ver las noticias a su ordenador. Las imágenes eran sobrecogedoras. Edificios derribados por el agua, barcos invadiendo las calles, coches engullidos mientras trataban de escapar… El terremoto en sí no fue el que causó tantos estragos, las replicas tampoco, fue el Tsunami, así, con mayúscula, pues acabaría siendo conocido como el causante de uno de los mayores desastres naturales de nuestra era.

 

Las alertas de posibles tsunamis en otras partes de no solo Japón sino del mundo se encendieron inmediatamente. Al vivir en Kioto nosotros estábamos a salvo, de momento.

 

La clase continuó, aunque pasó a ser una clase de conversación con un único tema: Los terremotos.

 

Al acabar la clase bajé al hall. Allí seguían congregados todos mirando las noticias de la BBC. Me senté en una mesa y miré el teléfono. Un mensaje nuevo, la pesadilla acababa de empezar:

 

“Llama a Marina, me ha despertado histérica por lo del terremoto. Ya le he dicho que tú estás en KIO-TO no en TO-KIO, pero ha dicho que ha sido muy fuerte y está muy preocupada”

 

Abrí el skype e intenté llamar a casa, pero las líneas estaban completamente colapsadas y era imposible conectar. Así que respondí a mi hermana con otro mensaje:

 

“Las líneas están saturadas y no puedo llamar. Aquí estamos bien, no hemos notado ningún temblor. No os preocupéis por el riesgo de maremotos, Kioto está rodeado de montañas”

 

Al acabar la tarde y las clases de castellano que tenía programadas volví a casa. Tranquilicé a mis amigos por Facebook diciéndoles que todo estaba bien, que Kioto era un lugar seguro.

 

Cuando volvió mi marido de trabajar nos pusimos a ver las noticias. Las imágenes eran desgarradoras; el espectáculo, dantesco. Los desaparecidos se contaban por miles, la cifra de los muertos era aun mayor. Nos fuimos a dormir con el corazón en un puño y sin saber que lo peor estaba por pasar.

 

12 de marzo de 2011.

 

Nos levantamos temprano para ir a trabajar. Miramos las noticias mientras desayunamos y el panorama era desalentador. Los videos de la tragedia te partían el alma en dos. Y entonces saltó la noticia fatal: Dos reactores de la planta nuclear de Fukushima se habían dañado a causa del maremoto. El Apocalipsis nuclear había empezado.

 

―¿Crees que debería suspender mis clases? ―Le pregunté a mi marido.

 

―No, ¿por qué?

 

―No sé, con lo del terremoto, y ahora la alerta nuclear esta…

 

―Aquí estamos a salvo, tus alumnos esperan que sigas trabajando, si no trabajamos nosotros por la gente que no puede hacerlo, ¿cómo vamos a ayudar al país a recuperarse?

 

Tenía razón, pero me sorprendió la sangre fría que tenía cuando hablaba del tema.

 

Los sábados eran los días más ocupados, tenía alumnos casi sin descanso, pero hice un esfuerzo por contestar a los múltiples mensajes que me llegaban desde España intentando tranquilizar en la manera de lo posible a mis seres queridos.

Recordé que tenía un amigo viviendo en Tokio y le mandé un mensaje para ver como estaba la situación:

“Hola Alvaro, ¿Cómo estás? ¿Cómo está la situación con lo de Fukushima? Si necesitas cualquier cosa estoy en Kioto, y si tienes miedo de la radiación te hago un hueco en nuestra casa.”

 

“Hola, de momento estoy bien por aquí, no ha cundido el pánico y no estamos preocupados por lo que pueda pasar. Mi hermana está un poco pesada, pero en Tokio estamos bien. Gracias por tu oferta igualmente”

 

Las noticias de Yahoo eran monotema: Fukushima. Uno de los reactores se estaba calentando demasiado y el peligro de que estallara estaba presente.

 

13 de marzo de 2011.

 

Los mensajes desde España eran más incisivos “Volved”. Familiares y amigos me llenaron el Facebook de noticias alarmistas de los medios europeos, el agobio empezó a aumentar ¿estaba segura en Kioto? Las noticias corrían como la pólvora. Bulos de un Japón desabastecido, peligroso y traicionero había hecho mella en mi familia y empezaban a reclamarme que me fuera para España.

 

Los vídeos que llegaban de Sendai eran escalofriantes: Gente trepando por las antenas de los edificios para evitar ser engullidos por el agua, videos caseros de gente atrapada en su casa mientras veía como el agua se colaba por la puerta, el techo del aeropuerto de Sendai desmoronándose…

 

Japón fue un ejemplo ante el mundo por su comportamiento ante las catástrofes. Los helicópteros llegaban a las zonas incomunicadas llevando alimentos, agua y ropa y la gente esperaba pacientemente en fila a que llegara su turno para poder comer.

 

El pueblo japonés es frío, pero la empatía que siente por sus semejantes es digna de admiración.

 

14 de marzo de 2011.

 

“Hola, me vuelvo a España el miércoles desde Osaka, ¿podríamos quedarnos mi novia y yo en vuestra casa esta noche, por favor?. Perdona que te avise con tan poco tiempo. Un abrazo, Alvaro”

 

“Claro, no te preocupes, os podéis quedar en casa el tiempo que necesitéis. Avísame a que hora llega vuestro tren  y os voy a buscar a la estación.”

 

Los lunes no tenía clases así que lo dediqué a arreglar la casa y a contestar mensajes.

 

“Guillermo, ¿Cómo está la situación en Kobe? Mi familia no para de agobiarme con que me vuelva a España, ¿Cómo lo llevas tú?”

 

“Mi familia confía en mis decisiones y no me están agobiando mucho, pero, vamos, yo tampoco les haría caso si lo hicieran”

 

Álvaro llegó con su novia, les ayudé a buscar un hotel para el día siguiente y cenamos tranquilamente en casa.

 

15 de marzo de 2011.

Desayunamos viendo las noticias. La situación en Fukushima no mejoraba.

 

Los acompañé hasta su hotel y yo me fui a dar mis clases.

 

―Esta noche me gustaría invitaros a cenar para agradeceros vuestra ayuda.

 

―Mi marido trabaja, pero yo acepto la invitación encantada.

 

Después de las clases los recogí en el hotel y nos fuimos a cenar a un pequeño antro que hacía los mejores okonomiyakis de Kioto. El restaurante era un zulo sin cobertura regentado por una mujer mayor.

Al salir del restaurante vi que tenía 8 llamadas perdidas de mi marido, que no había recibido a causa de a la ausencia de cobertura del local. Despedí a mis amigos y llamé a mi marido mientras subía la colina en la que estaba nuestro apartamento. Eran las 11 de la noche.

Mi marido no me contestó al teléfono y al llegar a casa la encontré vacía. Deduje que mi marido me había llamado porque se iba a retasar y me metí en la ducha. Al salir de la ducha, a eso de las 12, sonó el teléfono, era él.

 

―Mo-shi-mo-shi ―contesté canturreando.

 

Silencio.

 

―¿Ari?

 

Silencio hasta que una voz desconocida dijo:

 

―Arimitsu san.

 

―Arimitsu san, ¿¡qué!?

 

―Accident.

 

Silencio.

 

―¿¡Cómo que accident!? ¿Qué ha pasado?

 

―Hospital.

 

Silencio.

 

―¿Hospital? ¿Qué hospital?

 

El teléfono cambió de manos y contestó mi marido.

 

―Ha habido un accidente en el laboratorio, estoy en el hospital de al lado de casa, ven a buscarme y tráeme ropa.

 

Salí corriendo de casa y al llegar a urgencias vi al chico que supuse que me había llamado con una bolsa con la ropa de mi marido llena de sangre. Me indicó donde estaba y lo encontré en una camilla con el cuello vendado.

 

―¿Qué ha pasado?

―Emmanuel ha hecho estallar el laboratorio y los cristales se me han clavado en el cuello y en el brazo. Me tienen que operar para sacarlos.

 

Se lo llevaron al quirófano y yo me quedé en la sala de urgencias esperando. Aproveché para hacer una publicación en Facebook de Ari en la camilla diciendo:

“Arí acaba de sufrir un accidente en el laboratorio y lo están operando. Sé que queréis que vuelva a casa, pero entended que ahora no nos podemos ir”

 

Vino el cirujano a decirme que un cristal estaba muy cerca de la carótida y que la cirugía iba a ser muy compleja.

 

Fukushima, el reactor, el terremoto… todo estaba en un segundo plano. Los minutos se transformaron en horas, nadie me decía nada y ahí estaba yo sola en la penumbra de esa sala de urgencias aparentemente olvidada por todos.

 

La cirugía fue bien. El médico me explicó como hacerle las curas y nos fuimos a casa.

 

16 de marzo de 2011.

 

Tras mandar mensajes a mis alumnos para cancelar mis clases hasta nuevo aviso me dediqué a cuidar a mi marido.

 

En Europa cundía el pánico ante un inminente desastre nuclear, todo el mundo se había convertido en expertos en energía nuclear, en combustibles fosiles, en placas solares… y mi familia no se daba por vencida, seguían presionando para que volviéramos.

 

“Debéis entender que Ari está convaleciente y no puede moverse. Ahora no podemos volver”

 

“Si está en casa es porque no está tan grave”

 

17 de marzo de 2011.

La presión era insoportable, los mensajes por parte de mis hermanas constantes y siempre lo mismo: “Vais a morir todos, venid a España”

 

“He escrito a mi amigo Manuel, que está acabando el doctorado en físicas y me ha dicho que la situación no es tan peligrosa como os están diciendo los medios, que en Kioto no corro peligro. Yo me fío de él, vamos, no creo que me quiera muerta.”

 

“Ah, que te lo ha dicho tu amigo Manuel que es casi doctor en físicas…. ¡ME IMPORTA UNA MIERDA LO QUE OS HAYAN DICHO, OS VENÍS Y PUNTO! El reactor va a estallar y las hadas no os van a rescatar con su magia”

 

No lo podía soportar. Entendía su postura, su preocupación, pero mi marido me necesitaba aquí, y él no se quería ir de Japón.

 

-¿Y si nos vamos con tu madre a Nagasaki?

18 de marzo de 2011.

 

Mi familia no se quedó del todo conforme con nuestra decisión de ir a Nagasaki, aún estaba demasiado cerca. Me llegó un correo de la embajada diciéndome que fletaban un avión a España para los españoles y sus cónyuges. Mi familia me estaba obligando a coger ese avión.

 

―Haz lo que quieras.

 

―Pero, ¿Por qué no quieres venir?

 

―No puedo volar así, y tampoco quiero hacerlo. Mi sitio está aquí, pero si quieres volver, toma ese avión.

 

―No es que quiera, es que mi familia me está presionando.

 

―Tus decisiones son tuyas. Si quieres irte, vete, pero no culpes a nadie por tus actos, no hagas algo que no quieras hacer.

 

Esa noche no pegué ojo. No paraban de caerme lágrimas, y lloraba en silencio mirando a mi marido malherido. De pronto lo vi claro, ¿por qué lloraba? No me quería ir, no quería dejarlo solo. Me sequé las lágrimas y me acurruqué a su lado. Por primera vez en muchos días tenía las ideas claras.

 

19 de marzo de 2011.

“Lo siento, pero no me voy. Mi sitio está con mi marido. Espero que lo podáis entender”

 

No lo entendieron, mis hermanas dejaron de hablarme durante muchos meses.

Fukushima no estalló, no hubo desastre nuclear, mi marido se recuperó y esta pesadilla fue olvidándose poco a poco.

*****************************************

 Este relato forma parte del Origireto2020 organizado por Katty y Stiby:

https://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html?m=1

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html?m=1

Objetivo mensual: 10.- cataclismo

Objetivo secundario: K.- la cigarra y la hormiga

Criaturas del camino: V.- Hadas

Objetos ocultos: 12.- placas solares y 22.- desastre natural

Objetivo personal: ganar 10 op cada mes.

Objetivo personal secreto: que cada relato tenga un estilo completamente diferente.

Salvavidas: 11/60

Bendiciones: 3/12

Ardillita previsora: 6/24

Giratiempo: 2/3

Docemiles: 3/3: 1990 palabras

Rosa insolente: 3/3

Molarmola:1/2