OrigiReto 2020, Junio: Jareth (Parte I)

“No one can blame you for walking away”

*************************************

El sol se estaba poniendo y las nubes anunciaban tormenta. Una jovencita de 16 años llamada Sarah estaba disfrazada de princesa medieval mientras recitaba los diálogos de su libro preferido “el laberinto” a su pastor inglés, Merlín. En el parque una lechuza la miraba en silencio.

Había crecido mucho la muchacha en todos estos años que había pasado a su lado, pensó la lechuza. Recordaba la primera vez que la vio. Entró llorando en el bosque. Tenía 13 años. Su padre le acababa de decir que iba a volver a casarse. No hacía tanto que su madre había muerto y él ya la quería sustituir. No era justo. La lechuza notaba su tristeza y su dolor. No había pasado demasiado tiempo cuando notó la presencia de un skinwalker. Se acercó al árbol donde se escondía y aterrizando en el suelo cambió a su forma humana.

ーAléjate de ella.

ーJjjareth, ¿qué haces aquí? Solo quiero a la chica. Mírala, el dolor la consume, sabes que le estoy haciendo un favor ーel skinwalker temblaba como una hoja, Jareth era el hechicero más poderoso que jamás había existido y nadie se atrevía a oponerse a él. El skinwalker había cambiado de forma para atraer a la chica, ahora lucía como una preciosa e indefensa hadita.

ーVaya, ¡Qué gentil por tu parte querer acabar con su sufrimiento! ーle respondió Jareth con una sonrisa burlona.

ーPor favor, solo quiero a la chica.

ーOlvídate de ella y sigue tu camino ーdijo haciendo aparecer una bola de cristal.

Todos sabían que las bolas de cristal de Jareth eran todo menos inofensivas. La magia que se contenía en ellas era tan poderosa como letal. La criatura huyó del hechicero despavorida perdiéndose en el corazón del bosque.

Jareth volvió a convertirse en lechuza y se posó delante de la chica. La miró a los ojos y voló delante de ella indicándole el camino de vuelta a casa.

Desde ese día decidió protegerla. Estuvo con ella en la boda de su padre, en el nacimiento de su hermano, en la escuela donde no tenía amigos, donde la marginaban y se metían con ella llamándola infantil, rara, loca. La vio crecer físicamente, pero no en espíritu. Ella quería seguir siendo niña como cuando era feliz con su madre. La adolescencia solo le había traído desdicha y dolor. Se aferraba a su infancia, conservaba como un tesoro sus juguetes y sus muñecos.

Su mayor tesoro era su librito rojo de “el laberinto” que narraba la historia de una chica que harta de oír llorar a su hermano le pide al Rey de los Goblins que se lo lleve, pero cuando él lo hace se arrepiente y tiene que rescatarlo cruzando un laberinto hasta su castillo más allá de la ciudad de los goblins.

Cada noche Sarah se dormía escuchando la música de una muñequita vestida con un precioso y vaporoso vestido blanco que daba vueltas atrapada en una caja de cristal. Sarah soñaba que esa princesa era ella, atrapada en una vida que no le gustaba.

Solo había un momento de la semana en el que era feliz, los sábados por la tarde, cuando iba al parque disfrazada soñando que era la chica perdida en el laberinto. Pero la magia desaparecía en cuanto llegaba a casa, ya que cada sábado por la noche su padre salía a cenar con esa mujer y ella tenía que quedarse cuidando al llorón de su hermano. Y cada vez ella lo amenazaba con llamar a los goblins para que se lo llevaran. Jareth la escuchaba y con su infinito poder creó el laberinto y a los goblins, a imagen y semejanza de los muñecos que Sarah conservaba con tanto cariño. Y Jareth esperó, esperó muchos meses a que Sarah dijera las palabras, pero amenazaba a su hermano una y otra vez, mas nunca las decía.

Pero volvamos a aquella tarde lluviosa en la que una vez más Sarah tenía que quedarse cuidando de su hermano. Esa noche había tormenta y el bebé lloraba desesperadamente.

Estaba especialmente enfadada puesto que su asquerosa madrastra había entrado en su cuarto y cogiendo a su osito Lancelot se lo había dado al bebé y ahora Lancelot estaba lleno de babas y mocos.

Una vez más amenazó con llamar a los goblins, pero esta vez Jareth había perdido la paciencia, esta vez el lobo iba a comerse a las ovejas. Se metió en la mente de Sarah y le puso las palabras:

<<Ojalá vinieran los Goblins y se te llevaran ahora mismo>>

Tras decir las palabras la chica salió de la habitación y un segundo después Toby dejó de llorar. Sarah supo que algo no iba bien.

Entró de nuevo, la luz no funcionaba. Se acercó a la cuna. Había algo pequeño moviéndose bajo las sábanas, demasiado pequeño para que fuera Toby. Se acercó con miedo, lo que fuera que hubiera ahí no solo se movía, sino que emitía unos extraños gruñidos. Acercó su mano temblorosa, destapó la cuna y la encontró vacía. Se oían risas por los rincones de la oscura habitación. Las risas llegaban desde todas las direcciones. Algo se asomaba por detrás de los muebles, pero Sarah por más que intentaba verlos no llegaba a tiempo. La tormenta era cada vez más fuerte, los relámpagos iluminaban la habitación cegándola en cada descarga. El sonido de la lluvia era tan ensordecedor que mezclado con los ruidos de las criaturas la estaba volviendo loca. Una lechuza golpeaba el cristal de la ventana insistentemente. Sarah no sabía hacia dónde mirar: las risas, la lechuza, la lluvia… y ¿donde estaba Toby? La mente de Sarah daba vueltas. La tormenta seguía golpeando el cristal. La lechuza buscaba la manera de entrar. Finalmente la ventana cedió y se abrió de par en par. El pájaro entró acompañado de la lluvia y el viento. Las cortinas volaban amenazando con soltarse de sus anillas. La lechuza se posó en el suelo y el gran hechicero se mostró ante de ella.

ーEres el Rey de los Goblins, ¿verdad? ーempezó a decir ーPor favor devuélveme a mi hermano, no hablaba en serio.

ーLo dicho, dicho está.

ーPero si no hablaba en serio ーsusurró.

ーNo me digas ーcontestó Jareth con sorna.

ーPor favor, ¿dónde está?

ーSabes muy bien dónde está. Sarah, vuelve a tu cuarto. Juega con tus juguetes y con tus disfraces, y olvídate del niño.

ーNo puedo.

ーTe he traído un obsequio ーdijo haciendo aparecer en sus dedos una bola de cristal.

ー¿Qué es?

ーEs un cristal, nada más ーJareth se puso a mover entre sus manos la bola haciendo que se balanceara ーPero si sabes utilizarlo y miras en su interior te mostrará tus sueños. Pero este no es un regalo para una chica corriente que se preocupa por un niño llorón. ¿Lo quieres? ーSarah asintió con la cabeza ーPues olvídate del niño.

ーNo puedo. No es que no aprecie lo que intentas hacer por mí pero quiero que vuelva mi hermano, debe estar muy asustad…

ー¡Sarah! No me desafíes. ーla interrumpió ーNo eres rival para mí.

ーPero tengo que hacer que vuelva mi hermano.

ーEsta allí, en mi castillo ーdijo señalando a la ventana. El paisaje había cambiado, ya no llovía, no era de noche. Las luces del amanecer iluminaban un enorme laberinto y en el centro se veía el castillo ー¿Aún quieres ir a buscarle?

De pronto estaban en una colina.

ーRegresa, Sarah, regresa antes de que sea demasiado tarde.

ーNo puedo, no comprendes que no puedo.

ー¡Qué lastima! ーse burló Jareth.

ーNo parece estar tan lejos.

ーEstá más lejos de lo que crees. El tiempo es breve. Tienes 13 horas para cruzar el laberinto antes de que tu hermanito se convierta en uno de nosotros para siempre ーdijo Jareth mostrando un reloj con una esfera que marcaba 13 horas en lugar de 12 ーUna auténtica pena…

Y diciendo esto se desvaneció.

Jareth regresó a su castillo. Hoggle, uno de sus goblins estaba en la entrada y le mostraría el camino. Era bastante antipático y cascarrabias, pero le ayudaría a empezar.

Sarah, una vez dentro, empezó a marcar su camino. Chica lista, si hacía marcas podría saber por dónde había pasado y en que dirección, pero los goblins le movían y borraban sus marcas mientras que Jareth cambiaba a su antojo los muros con su magia. Estaba resultando tan divertido…

Jareth veía desde su castillo las aventuras de Sarah gracias a una bola de cristal. No lo hacía mal del todo, pero ¿lo haría igual de bien subiendo el nivel un poco?

La acorraló dejando como una única salida un par de puertas custodiadas por cuatro guardianes, los de la puerta de la izquierda con armadura roja, los de la puerta de la derecha con armadura azul. Una de las puertas llevaba al castillo, la otra a una muerte segura, pero solo podía preguntar a uno de ellos sabiendo que unos siempre decían la verdad y los otros siempre mentían, pero sin saber cuál era cual. Era difícil la prueba pero Sarah se encaró a uno de la armadura roja y le preguntó:

ー¿Me diría él ーdijo señalando a uno con armadura azul ーque está puerta es la que lleva al castillo?

Lo consultó con su compañero y respondió:

ーSí.

ーEntonces ーdedujo Sarah ーaquella es la puerta que lleva al castillo y esta a una muerte segura.

ー¿Cómo lo sabes? Yo podría haber dicho la verdad.

ーPero él no la diría, así que si me dices que diría sí la respuesta es no.

ーPero él podría haber dicho la verdad.

ーEntonces tú no la dirías así que la respuesta sigue siendo no. Eso es…. ¡Me estoy volviendo más lista! ーdijo atravesando la puerta de la derecha.

Apenas había dado un par de pasos cuando el suelo de abrió y cayó por un agujero directa a un olvidadero, una mazmorra subterránea cuyo único propósito era meter a gente en ella para olvidarlos. No pasaría mucho tiempo allí, Hoggle iría a buscarla y la llevaría de vuelta al principio, pero Jareth vio algo diferente. Cuando Hoggle fue a buscar a Sarah, esta se mostró muy amable y le dio una pulsera, ¿acaso apreciaba a Hoggle? Jareth tenía que descubrirlo.

Se disfrazó y les esperó en un rincón. Mandó una bola de cristal para que los guiará directamente hasta él.

ー¿Qué anda por ahí? ーpreguntó Jareth disfrazado.

ーNada ーrespondió Hoggle.

ー¿¡Nada!? ¿¡Nada!? ¿¡Nada dadadá!? ーgritó Jareth quitándose el disfraz.

ーMajestad, ¡Qué agradable sorpresa!

ーHola Kaggal.

ーKaggle ーla corrigió Sarah

ー¡Hoggle! ーdijo Hoogle enfadado.

ーHoggle, ¿es posible que estés ayudando a esta chica?

ー¿Ayudarla? ¿En qué sentido?

ーEn el sentido de llevarla hasta el castillo ーcontestó Jareth enfadado.

ーNo, no, la estaba llevando de vuelta al principio, Majestad.

ー¿¡QUÉ!? ーgritó Sarah.

ーLe dije que iba a llevarla al castillo, un pequeño truco por mi parte, pero en realidad…

ーHuggle.

ーHoggle ーle corrigió.

ーSí. Si por un segundo pensara que me estás traicionando me vería obligado a colgarte boca abajo en el pantano del hedor eterno.

ー¡Noooooo, Majestad, el hedor eterno no! ーsuplicó Hoggle de rodillas a sus pies.

ー¡SÍ! ーdijo apartándolo de una patada ー¿Y a ti, Sarah? ¿Te está gustando mi laberinto? ーdijo acercándose a la chica acorralándola contra la pared de piedra.

ーEs pan comido ーcontestó soberbia.

Hoggle se tapó la cara de pura desesperación. No podía subestimar a Jareth de esa manera.

ー¿De verdad? ーdijo Jareth con sorna ー¿Qué tal si complicamos en juego?

Y haciendo aparecer un reloj movió las manillas hasta que adelantaron 5 horas.

ー¡No es justo! ーse quejó Sarah.

ーDices eso demasiado a menudo. No sé de dónde has sacado tu idea de la justicia. Así que el laberinto es pan comido. A ver cómo te las arreglas con esta rebanada ーdijo haciendo aparecer una bola de cristal.

Lanzó la bola al pasillo y se transformó en una máquina giratoria con pinchos y cuchillas que acababa con todo a su paso. Jareth se esfumó y llegó a su castillo sin importarle si conseguían escapar o no. Estaba muy enfadado.

Continuará…

***************************************

“But down in the underground you’ll find someone true”

Este relato forma parte del Origireto2020 organizado por Katty y Stiby:

https://plumakatty.blogspot.com/2019/12/origireto-creativo-2020-reto-juego-de.html?m=1

https://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2019/12/reto-de-escritura-2020-origireto.html?m=1

Objetivo mensual: 9.- relato donde la magia juegue un papel importante.

Objetivo secundario: C.- Pedro y el lobo.

Criaturas del camino: IX.- Skinwalker.

Objetos ocultos: 5.- el sol y 23.- magia.

Objetivo personal: ganar 10 op cada mes.

Objetivo personal secreto: que cada relato tenga un estilo completamente diferente: fanfic de fantasía.

Salvavidas: 24/60

Bendiciones: 5/12

Ardillita previsora: 12/24

Giratiempo: 3/3

Docemiles: 3/3: 2016 palabras

Molarmola:2/4

Doble dragón: 1/2

Caperucita Roja: versión extendida

OrigiReto2020, Mayo: Caperucita Roja.

“Vemos aquí que los adolescentes y más las jovencitas elegantes, bien hechas y bonitas, hacen mal en oír a ciertas gentes, y que no hay que extrañarse de la broma de que a tantas el lobo se las coma. Digo el lobo, porque estos animales no son todos iguales: los hay con un carácter excelente y humor afable, dulce y complaciente, que sin ruido, sin hiel ni irritación persiguen a las jóvenes doncellas, llegando detrás de ellas a la casa y hasta la habitación.

¿Quién ignora que los lobos tan melosos son los más peligrosos?”

Charles Perrault.

*************************************

Caperucita llevó de la mano a toda prisa a su mejor amiga Blancaflor hasta su dormitorio. No era una habitación muy grande y a falta de otro sitio para sentarse lo hicieron en el suelo la una frente a la otra. Blancaflor la miraba extrañada fijamente con sus preciosos ojos azules.

ー¿Me vas a explicar de una vez que es lo que te pasa?ーLe preguntó Blancaflor rompiendo el silencio.

ーEstoy enferma de la cabezaーdijo su amiga tocándose la sien con dos dedos.

ー¿Pero de que hablas?ーle contestó con un gesto de extrañeza.

ーA ver cómo te lo explico…. Piensa en Fermín.

ー¿El hijo del panadero?

ーEl mismo. Cada vez que lo veo me dan ganas de besarlo, abrazarlo, arrancarle la ropa y revolcarme con él entre los sacos de harina.

ー¡Me habías asustado!ーexclamó su amiga aliviada ーEso también me pasa a mí. Tenemos 15 años, es normal a nuestra edad.

ーPero es que no solo me pasa con él. Me pasa con alguien más ーdijo titubeando.

ーNo te preocupes, eso solo significa que no estás enamorada de él. A mi también me gustan varios chicos.

ーEs que no es un chico. Eres tú, Blancaflor.

ー¿Como que yo? ¡Pero si yo soy una chica!

ーPor eso te decía que estoy enferma. ¿Tú nunca te has fijado en mí de esta manera? ¿Nunca te has fijado en mi cuerpo?

ーNnno… ーBlancaflor mentía, claro que se había fijado en el cuerpo tostado de Caperucita, pero no por atracción, sino por celos. Envidiaba su cuerpo de mujer adulta, sus pechos grandes y sus curvas, no como su cuerpo de niña, con esos pechos tan pequeños.

Sin mediar palabra Caperucita se quitó la ropa, toda. Se sentó frente a su amiga de nuevo, le tomó la mano y se la puso sobre su pecho. Blancaflor estaba abrumada, las mejillas le ardían, sentía un apuro enorme, pero el tacto bando y suave de ese pecho dorado no le resultaba desagradable. Apenas podía abarcarlo con su mano y una vez más sintió envidia del cuerpo de su amiga. Caperucita tenía un cuerpo perfecto. Su piel, dorada por el sol, era suave y tersa. Tenía unos ojos color avellana enormes coronados por unas pestañas infinitas. Su melena castaña le caía por encima de sus hombros y le acariciaba los pechos, esos mismos que su amiga le estaba obligando a tocar.

ー¿Qué sientes? ーLe preguntó Caperucita.

ーNo lo sé.

Caperucita le quitó el lazo de su corpiño, se lo abrió y sacó por los brazos. Luego le abrió la blusa y también se la quitó. Blancaflor dejó que lo hiciera, pero dió un respingo cuando su amiga le acarició los pechos. Le gustaba, sus manos eran suaves, pero sentía mucha vergüenza de que su amiga estuviera mirando y tocando unos pechos tan pequeños. Blancaflor era la muchacha más linda de la aldea. Su piel era blanca como la porcelana, sus cabellos rubios y sus ojos dulces y azules, pero su cuerpo no se había desarrollado todavía y a pesar de que eso le otorgaba aún más un aspecto angelical, ella se sentía poco atractiva y le afectaba en su autoestima. Caperucita le puso una mano en la nuca y acercando su cara la besó en los labios. Era agradable, tierno, cálido. Blancaflor no sabia que sentir, puesto que aunque ella preferiría que aquel beso se lo diera Fermín, el hijo del panadero, que se lo diera su amiga no le resultaba desagradable y ni mucho menos sucio.

De pronto la puerta se abrió y la madre de Caperucita las miró con asombro, extrañeza y asco.

ー¿Qué está pasando aquí? ーdijo fuera de sí.

Blancaflor se levantó a toda prisa, tomó su ropa y salió precipitadamente de la habitación.

ーNo sé que significaba lo que acabo de ver ーempezó a decir su madre ーni si quiero hablarlo contigo. Vístete y llévale a tu abuela, que está enferma, una docena de tortas, una botella de licor de miel y un tarro de mantequilla. Y no se te ocurra atravesar el bosque, ve por el camino, que han visto al Sr. Lobo encaminarse al bosque y ya sabes que no me fío de él.

Caperucita no dijo nada, pero al oír el nombre del Sr. Lobo se le iluminó la cara.

Cuando su madre abandonó la habitación se empezó a vestir. Se puso los pololos de las cintas rojas que iban a juego con las medias. La blusa se la abrió para agrandar el escote. Eligió el conjunto rojo de falda y corpiño y la primera se la puso por encima de la cintura para acortarla lo suficiente para que se vieran las puntillas de las medias y el segundo lo apretó todo lo que pudo para ensalzar bien sus pechos que asomaban por el escote amenazando con salirse por él. Se cubrió con la caperuza roja y salió de su habitación. Tomó la cestita que le había preparado su madre y se encaminó hacia el sendero del bosque a toda prisa para evitar encontrarse con nadie.

Era una agradable mañana de mayo, el sol lucia, pero la brisa de las montañas del norte aún era fría así que la caperuza, además de ocultar su descarado atuendo, le servía de excusa frente a su abuela.

Entró por el sendero del bosque y apenas había recorrido una docena de metros cuando lo abandonó en busca del Sr. Lobo. Era un estudioso y solía ir al claro del estanque para observar los pájaros que iban allí a beber. Justo antes de entrar en el claro lo vio sentado en una roca dibujando a algún pájaro de los que allí había. Caperucita se abrió la caperuza para mostrar su escote, se colocó bien el corpiño y se dirigió hacia dónde él estaba. Conforme se acercaba el corazón se le aceleraba y su respiración se hacía tan profunda que parecía que los pechos se le iban a salir por el escote. El Sr. Lobo estaba absorto con las aves y no la vio llegar. Era un hombre muy atractivo, quince o veinte años mayor que la niña. Cabello castaño, barba y bigote muy bien recortados y ojos tan azules como el cielo. Su cuerpo estaba bien cuidado, se notaba que no llevaba una vida sedentaria, no era como los viejos grasientos que babeaban cada vez que la veían pasar, era un hombre bien vestido y elegante, educado, un auténtico caballero que la piropeaba sin ser grosero, era alto, delgado, pero no esquelético, a través de su traje se podía adivinar un cuerpo fibroso, musculoso, un cuerpo que la atraía. Y si su cuerpo la atraía, sus ojos la hechizaban, su sonrisa la volvía loca, y era tan evidente que su madre no la dejaba acercarse a él.

ーBuenos días, Sr. Lobo.

ーBuenos días, Caperucita. No te había oído llegar ーLe respondió tras haber dado un respingo a causa de la sorpresa de oírla.

La miró de arriba a abajo con esa sonrisa tan cautivadora. Él había llegado a la aldea hacía apenas 2 semanas, se encaprichó de ella desde la primera vez que la vio y no tenía pensado marcharse hasta hacerla suya.

ー¿Dónde vas tan guapa?

ーA casa de mi abuelita que vive en la aldea al otro lado del bosque. Está enferma y le llevo algo de comer y una botella de licor de miel.

ー¿Y cómo es que no vas por el sendero?

ーPorque es más corto ir por el bosque ー mintió Caperucita ya que la verdadera razón era encontrarse con él.

El Sr. Lobo se acercó a la chica y acariciándole la mejilla le dijo:

ーEl bosque es peligroso, puedes encontrarte con alguna bestia salvaje, mejor vuelve al sendero.

Caperucita bajó la cara ruborizada.

ーTe propongo una carrera. Yo iré por el bosque y tú por el sendero. A ver quién llega antes ーle dijo mientras le acariciaba el brazo con los dedos ーAdemás para darte ventaja me entretendré buscando algunas hierbas medicinales para tu abuelita.

ーDe acuerdo ーcontestó la joven ーLa casa de mi abuelita es la primera de la aldea, está justo al lado del molino abandonado.

Se despidieron y en cuanto perdió de vista a Caperucita el Sr. Lobo echó a correr rumbo a la casa. Ya llevaba en la bolsa las hierbas que necesitaba así que sin entretenerse llegó a la casa en pocos minutos y llamó a la puerta.

ー¿Quién es? ーpreguntó la anciana desde dentro.

ーSoy el Sr. Lobo, un amigo de su nieta. Le traigo unas medicinas.

ーTira de la albadilla y caerá la tarabilla.

Así lo hizo y el Sr. Lobo entró.

ーBuenas tardes, me manda su nieta para traerle unas hierbas medicinales. ¿Quiere que se las prepare en una infusión? ーdijo el Sr. Lobo con la voz más encantadora que pudo.

ーGracias joven. Esta noche he debido pasar frío porque tengo el cuerpo destemplao.

ーNo se preocupe. Este preparado le sentará divinamente ーdijo encaminándose a la cocina.

Puso a hervir el agua mientras introdujo en una tetera una ramita de romero, flores de lavanda, tomillo, manzanilla y una buena dosis de adormidera. Preparó la infusión y cuando estuvo lista le añadió un chorro de anís.

Se la llevó a la anciana que estaba en un butacón tapada con una mantita. Se sentó a su lado en un arcón que hacía el papel de banco y empezaron a conversar mientras ella se tomaba el té. El Sr. Lobo le hablaba de los pájaros y las plantas que estudiaba con voz suave e insoportablemente monótona de manera que la pobre anciana a causa de la adormidera, el anís y la charla cayó en un profundo sueños al poco tiempo.

Llevaba dormida unos diez minutos cuando sonó la puerta. Sabiendo quién era el Sr. Lobo la abrió y con la sonrisa más seductora saludó diciendo:

ーBienvenida, Caperucita, parece que he ganado la carrera.

Caperucita entró sonriendo nerviosa. El Sr. Lobo le quitó la caperuza y la colgó de un clavo de la pared.

ーTu abuela se ha quedado dormida. Dame la cesta, la llevaré a la cocina.

Caperucita le dio un beso a su abuela y se sentó en el arcón. Al poco rato apareció el Sr. Lobo con la botella de licor de miel y dos vasitos. Se sentó junto a ella y sirviendo el licor le ofreció un vaso.

Nerviosa como estaba, Caperucita se bebió el vaso casi de un trago y soltado una silenciosa carcajada el Sr. Lobo dijo:

ーVaya, parece que a ti también te gusta ーapuró su trago y volvió a llenar los vasos.

ーSr. Lobo, ¿le puedo hacer una pregunta?

ーPor supuesto. Otra cosa es que yo la conteste ーrespondió mirándola maliciosamente.

ーEn la aldea dicen que es usted un licántropo, ¿es eso cierto?

El Sr. Lobo sonrió mostrando sus dientes, se acercó a la chica y le dijo:

ーTendrás que esperar hasta la próxima luna llena para averiguarlo. De pequeño tenía un amigo que se llamaba Cebolla y creo que no se convertía en bulbo con la luna llena ーdijo mientras reía.

Caperucita lanzó una carcajada causada por la respuesta, los nervios y la dosis de licor que había tomado. El Sr. Lobo se abalanzó sobre ella apoyando su mano izquierda en su muslo mientras que con la yema de los dedos de la derecha le tapaba la boca.

ーShhhh, despertarás a tu abuela ーle susurró ーtal vez deberíamos ir a otra habitación para hablar.

ーEsta casa es muy pequeña, solo queda el dormitorio de mi abuela per…

ーPerfecto, allí estaremos más tranquilos ーle interrumpió él levantándose y dirigiéndose a la habitación.

Entró y quitándose la chaqueta la puso en una mecedora que allí había inutilizando el único asiento disponible a excepción de la cama. Caperucita entró detrás de él y el Sr. Lobo cerró la puerta, se sentó en la cama e indicó a la chica que se sentara junto a él.

Estaba nerviosa y mirándole le dijo:

ーSr. Lobo, ¡que brazos más grandes tiene!

ーSon para abrazarte mejor ーrespondió acariciándole un brazo.

ー¡Qué piernas más largas tiene!

ーSon para correr mejor, querida ーdijo rozándole su pierna con la de él.

ー¡Qué orejas más grandes tiene!

ーSon para oírte mejor ーle susurró al oído.

ー¡Qué ojos más grandes tiene!

ーSon para mirarte mejor ーdijo mirándole a los ojos con sus profundos ojos azules.

ーSr. Lobo, ¡qué dientes más grandes tiene!

ーSon para comerte ーdijo mientras se abalanzaba sobre ella y la besaba en la boca.

La sujetó fuertemente de la nuca y la cintura mientras la besaba, primero en los labios y luego fue abriéndole la boca para que su lengua se hiciera camino dentro de ella. El Sr. Lobo sabía besar, sabía mover los labios y la boca para que las mujeres desearan más. Mientras la besaba, su mano se separó de la cintura y se abrió camino por debajo de la falda. Caperucita se levantó de un salto, aturdida por el beso y por los efectos del licor que había tomado. El Sr. Lobo se levantó también quitándose el pañuelo que llevaba al cuello dejándolo caer al suelo. Se desabrochó el chaleco y se lo quitó sin preocuparse de donde caía. Se acercó a la chica y le quitó el cordón del corpiño, una vez abierto sus pechos se relajaron y el escote de la blusa medio abierta los mostró con más descaro. El Sr. Lobo le acarició el cuerpo por encima de la camisa, pero por debajo del corpiño abierto. Le besó el cuello y el principio de los pechos mientras se lo quitaba.

Le dio la vuelta a la chica poniéndose en su espalda y mientras seguía besándola en el cuello y la oreja metió sus manos bajo la falda, le deshizo el lazo rojo y los pololos cayeron al suelo.

Empezó a acariciarle el vello púbico buscando algo. Cuando lo encontró al comienzo de la vulva Caperucita notó como si mil rayos de colores le atravesarán el cuerpo, la vista se le nubló y las piernas le fallaron teniendo que apoyarse en el alféizar de la ventana. El Sr. Lobo le desabrochó la falda que cayó haciéndole compañía a los pololos. Tomó a la chica en brazos y abriendo la cama la tumbó poniéndose sobre ella.

Caperucita lo miró sorprendida, pues no sabía cómo ni cuándo el Sr. Lobo se había quitado toda la ropa. Era la primera vez que veía a un hombre desnudo, había visto a los chiquillos bañarse desnudos en el río, pero el cuerpo de un hombre no se podía comparar. Si le gustaba con ropa, aún le atraía más sin ella. El cuerpo empezó a temblarle y él la acarició susurrándole:

ーTranquila, todo está bien.

ーNunca he estado con ningún hombre ーle respondió ella.

ーEso lo solucionamos enseguida ーle susurró antes de besarla.

Con un movimiento rápido la penetró y con otro más rápido aún salió de ella. Caperucita lanzó un pequeño grito de dolor que acalló él con un beso y volvió a penetrarla, pero esta vez con movimientos suaves, e introduciendo su miembro poco a poco. Ella ya no sentía dolor, sino un pequeño placer que iba en aumento. Los movimientos de él la balanceaban y su cuerpo respondía con deseo. Enseguida entendió porqué se les llamaba labios, porque también sentían hambre, hambre de él, no quería que se separara de ella jamás, quería engullirlo.

Le rodeó el cuerpo con la piernas y el Sr. Lobo se detuvo.

ーNo pares… ーsusurró ella mientras él le tapaba la boca con sus dedos, le besaba los labios dulcemente, el cuello, los pechos y los labios de la vulva con tanta ternura como había hecho con los de su boca. Le acarició la pierna derecha y le quitó el zapato y luego la media lentamente. Cuando el pie estuvo desnudo lo besó metiéndose los dedos en la boca y acariciándolos con la lengua. Cuando terminó repitió la operación con la pierna izquierda. Le acarició las piernas desde los pies hasta las caderas, y una vez ahí acarició su piel con ambas manos hasta la vulva.

Sentado como estaba la incorporó sentándola sobre él y la besó de nuevo . Los giró y se tumbó en la cama dejándola sentada sobre su cuerpo.

ーNo sé qué hacer ーdijo ella avergonzada mientras jugueteaba con el vello de su pecho incapaz de mirarle a la cara.

ーQuítate la blusa.

Los colores volvieron a su rostro, quitarse la blusa implicaba quedarse completamente desnuda y aunque la realidad era que sus pechos apenas quedaban cubiertos, le daba un poco de reparo desnudarlos del todo. Aún así se sacó la blusa por la cabeza haciendo que sus pechos subieran y bajaran acompañando el movimiento de sus brazos. El Sr. Lobo no se pudo contener y se lanzó hacia ellos besándolos con pasión. Caperucita se sobresaltó ante tanta furia, le acarició el pelo sorprendida de notarlo tan suave y le besó la cabeza. El Sr. Lobo la miró y le sonrió. La tumbó de nuevo y la penetró lentamente. Ella inmóvil al principió empezó a acompañar sus movimientos. Él la besaba en los labios, los lóbulos de las orejas, el cuello, los pechos. Ella le abrazaba, le acariciaba su ancha y musculosa espalda. Sus cuerpos pegados se movían como uno solo.

Él estaba dentro de ella, un poco más profundo en cada embestida. Ella lo sentía dentro, activando algo en su interior que encendía los rayos luminosos, pero por un espacio de tiempo tan breve que ella quería más, necesitaba más, exigía más y lo hacía clavándole las uñas en su espalda.

Los movimientos se aceleraron, el deseo de poseer al otro era recíproco, la necesidad de terminar era inminente. Ella le agarraba el pelo para dominarlo, él la penetraba con furia. Los rayos les recorrían por todo el cuerpo y entonces algo explotó en su interior. Jamás habían sentido un placer igual. Fundidos como estaban compartieron esa descarga de placer durante un rato más hasta que él salió de su interior, la acarició, la besó y se acostó a su lado. Ella se recostó sobre su pecho y mientras él le acariciaba el cabello se durmió.

El Sr. Lobo se levantó. Se vistió mirando su cuerpo dormido, desnudo, en paz. Era una niña con cuerpo de mujer. Sabía que lo que había hecho no estaba bien, pero no le importaba.

Tomó sus cosas y se marchó de la casa con la intención de marcharse de la aldea en cuanto llegara y sin preocuparse de lo que pudiera pasarle a ella a partir de ese momento.