Estrellas de Tinta, Abril (microrrelato): The Prettiest Star (8): El Círculo Polar Ártico.

El Círculo Polar Ártico

—Aquí no debería crecer la hierba —dice Juan.  

 

Juan es biólogo ecólogo y además estudió periodismo. Se dedica a ir a ecosistemas dañados por el paso del hombre y escribir artículos y libros al respecto. 

 

—¿Que crezca la hierba es malo? —pregunta Lucky. 

 

—Significa que hace demasiado calor. 

 

—¿¡Calor!? ¡Pero si apenas me siento los dedos de las manos!

 

—Es que aquí debe hacer ese frío para que los casquetes polares no se derritan. 

 

—¿Que pasaría si se derritieran?

 

—Subiría el nivel del mar y las ciudades costeras desaparecerían. Pero el problema no son las consecuencias, sino las causas. Si los casquetes se derriten, significa que hace demasiado calor. Y cuanto menos hielo haya, más calor va a hacer. Es como los hielos en una bebida. Mantienen la bebida fría, pero en cuanto desaparecen la bebida se calienta mucho más rápido. Bueno, pues si nuestra bebida se calienta, la vida en la tierra será cada vez más difícil. 

 

—¿Y por qué está pasando esto?

 

—Por la contaminación atmosférica. Estamos creando una cúpula de dióxido de carbono alrededor de la tierra que impide que el calor salga. 

 

—¿Y no se puede… —Lucky no termina la frase, ha notado la presencia de otro mamodo. 

 

Echa a correr con Juan siguiéndola y de repente están frente a frente con un mamodo que les mira fijamente. 

 

Es un niño pequeño de pelo y túnica blancos. Sus ojos violetas son grandes y la sonrisa de su cara da pavor. 

continuará…

***********

Este relato pertenece al reto literario “estrellas de tinta” organizado por Katty. Podéis leer las bases aquí:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html?m=1

Objetivo: 7.- deshielo en el ártico.

Objetos ocultos: 19.- hielo.

Relato mapa.

Fantaciencia 1/1

245 palabras.

Estrellas de Tinta: Abril: The Prettiest Star (7): Mi buena Estrella.

Mi buena Estrella

—¿Es que no me has oído? —le grito mientras retengo al mamodo con ambas manos —¡abre el libro y lee el maldito conjuro!

El humano titubea, pero finalmente oigo alto y claro:

—¡Burakatto!

Una sensación maravillosa me recorre. Noto como crece el poder dentro de mí. Mucho más fuerte que en casa. Mi cuerpo se transforma. Me salen orejas y cola de gata negra. Noto mi cuerpo ligero y fuerte a la vez. De un empujón tiro al mamodo al suelo. Doy un salto y lo sobrevuelo. 

—¡Otra vez! ¡Dilo otra vez! —le grito al humano entre carcajadas. 

—¡Burakatto!

Unas ondas negras salen de mis manos directas al mamodo, el cual al intentar ponerse de pie, se le mete la pezuña en la arena y cae de bruces. 

Suelto una carcajada. Aterrizó sobre él y vuelvo a saltar, esta vez sobre el humano que lleva el libro del mamodo. 

—¡Otra vez!

—¡Burakatto!

El conjuro le da de lleno al humano, que intenta decir un conjuro, pero se le traba la lengua. 

Aterrizó frente a él y le digo con sorna:

—¿Te ha comido la lengua el gato?

Le quitó el libro y se lo lanzo al humano que lleva el mío. 

—¡Quémalo!

El mamodo se levanta, pero es tarde, está empezando a desaparecer. Me giro y veo al humano con un mechero en la mano y el libro ardiendo en el suelo. 

—¡Taurus! ¡No te vayas! —grita el compañero del tal Taurus —. Malditos seáis —dice alejándose cuando el mamodo ha desaparecido. 

—¡Sí! —grito eufórica —. ¡Hemos ganado!

Los dos humanos están mirándome con los ojos como platos. 

—Rápido, quema el libro de la vampiresa también —le dice el otro humano a mi compañero. 

—¡Ni se te ocurra! Además, eres mi compañero, no podrías quemarlo ni aunque quisieras. 

—Perdona, ¿soy quien?

—Mi compañero. Soy una mamodo y tú has sido elegido como mi compañero para luchar para elegir a nuestro futuro rey. 

Los humanos me miran como si estuviera loca. Claramente no saben de qué les estoy hablando. 

—Raúl, llévate a las chicas de aquí —dice mi compañero. 

—Ni hablar, no te dejo a solas con la niña gato esta. 

—Estaré bien. Y ya no tiene orejas de gato. 

A regañadientes se van y me dejan a solas con mi compañero. 

—Vale, ahora me explicas bien que es todo esto. 

—Me llamo Lucky Star, ¿tú eres…?

—Juan Peña. 

—Encantada, Juan Peña. 

—Llámame solo Juan, Lucky Star. 

—Llámame solo Lucky. 

Reímos los dos. 

—Mejor me lo explicas con una cerveza. Necesito asimilar todo lo que está pasando aquí. 

Le acompaño hasta un bar y entra saludando al barman:

—Buenas, Isaac.

—¿Y esta chica? —pregunta Isaac.

—Me llamo Lucky. Juan es mi compañero.

—¿Quieres dejar de decir que soy tu compañero? —se queja Juan.

—Es que lo eres. Has leído mi libro, así que eres mi compañero.

—Ponme una cerveza, Isaac —pide Juan, agotado.

—¿Tu compañera quiere algo? —interpela el barman con retintín.

—¿Vosotros que bebéis? —me pregunta Juan. 

—No sé. Lo mismo que vosotros, supongo. 

—Ponle un zumo o algo. 

—Te voy a preparar un cóctel sin alcohol —me explica—, que ya verás como te gusta. 

—Tú y tus cócteles —protesta Juan—. Aquí donde lo ves estuvo trabajando muchos años en un crucero sirviendo bebidas a los ricachones. 

—¡Crucero de lujo! El Princesa del Pacífico, nada menos, mira que lujazo —dice mientras señala una maqueta de un barco que hay decorando el bar—. ¡Qué recuerdos! El mes que viene hará 15 años que levamos anclas por última vez.

—Venga, no te enrolles y tráeme la cerveza. 

—¡Marchando! —exclama el camarero con una sonrisa rodeada por un denso bigote.

Isaac es un hombre aforamericano. Lleva una chaquetilla roja con galones en los hombros que era el uniforme que llevaba cuando trabajaba en el crucero.  

Les explico todo sobre los mamodos, la lucha, de donde venimos, como nos vamos cuando se quema nuestro libro… Juan me escucha atento y atónito. Finalmente acepta la locura que le estoy contando. 

—Entonces, ¿tengo que escribir conjuros en esta libreta? —me pregunta. 

—Es un libro y no tienes que escribir nada, los conjuros se irán descifrando conforme nuestro poder aumente. 

—¿Y tu poder es convertirte en animales?

—¡NO! Mi poder es alterar las probabilidades. El gato negro es nuevo para mí, nunca me había transformado hasta hoy, eso ha sido cosa tuya. El conjuro Burakatto da mala suerte a mi oponente. 

—Bueno, aquí decimos que los gatos negros dan mala suerte.

—Entonces, ¿me ayudarás?

—Vale, sí. Llámame cuando me necesites. 

—¿Cómo que llámame? Eres mi compañero, ya no nos separamos hasta que me derroten. 

—Como que ya no nos separamos. ¿Es que vas a vivir…?

—Contigo, claro. 

—Juan, te ha salido una hija —se ríe el barman. 

—No, imposible. Yo viajo mucho por trabajo. No puedes quedarte conmigo. 

—Perfecto, si viajamos podremos encontrar a más mamodos. 

—¡Que no! ¡Que tú no viajas conmigo! ¿Tú sabes el dineral que me vas a costar? Soy periodista freelance, no me puedo permitir un acompañante. 

—¿El problema es el dinero?

—Básicamente —dice Juan, encogiéndose de hombros. 

—Isaac, ¿tienes un dado? —le pregunto al barman. 

Me da el dado y lo pongo en la barra. 

—Al acabar el combate el libro ha brillado, debemos haber desbloqueado el Midoba. 

Juan abre el libro y me confirma que puede leer otro conjuro. 

—Dime un número del uno al seis y luego di el conjuro. 

—El cuatro. ¡Midoba!

El dado emite una luz verde. Juan tira el dado y sale cuatro.

Repetimos la operación hasta que se cansa. Siempre acierta el número. 

—Algún sitio habrá donde se pueda ganar dinero así —les sugiero. 

—El casino —informa Isaac —o el bingo que hay calle abajo, pero los menores no pueden entrar. 

—Esta noche hay sorteo de la primitiva —susurra Juan. 

*****

De camino a casa Juan ha rellenado una primitiva. Me ha dicho que retransmiten el sorteo en directo. 

Su casa es muy bonita. No muy grande, pero como vive solo, le sobra. 

Entramos en el salón y me sorprende que parte de la estancia esté despejada sin muebles. 

—Te voy a poner una canción que te gustará —me dice mientras rebusca entre los discos 

—¿Qué son estas página de periódico enmarcadas? ¿Portadas tuyas? —le pregunto. 

—No, yo soy ecólogo, mis noticias nunca van en portada. Esas son de mi padre, que también era periodista. 

—¿Era?

—Sí. Murió hace años. Mi madre murió de cáncer y poco a poco él también se fue apagando. Menos de un año después también nos dejó. ¿Vosotros tenéis padres? 

—Claro. Mi madre vino a luchar en el anterior combate. Pero todo parece muy distinto a lo que ella me ha contado.  

—El mundo cambia muy deprisa, ¿cuando vino?

—Hace mil años. 

—¿¡Mil años!? Normal que lo notes cambiado. Lo que me extraña es que los mamodos se encontraran con las comunicaciones que había. 

—Duró poco. La mandaron de vuelta tras el primer combate. 

—Pues tuvimos suerte de que no te pasara lo mismo. Porque el bicharraco ese era muy fuerte. 

—¿Taurus? Todo fachada. Quedó por debajo de mí en la lista de los seleccionados. No te fíes de las apariencias. Por ejemplo, según me contó Brago, el príncipe Zeon es solo un niño pequeño, pero tiene más poder que el resto de los noventa y ocho juntos. 

—¿Noventa y ocho? —pregunta Juan extrañado —creía que habías dicho que erais cien, deberían ser noventa y nueve restantes. 

—Oh, nadie es más poderoso que Brago —respondo seria. 

—Y ese Brago, ¿quién es?

Una sombra llega a mis ojos y el corazón se me encoge. 

—Un compañero de la escuela —digo con un hilo de voz. 

Juan se da cuenta de mi reacción y vuelve a rebuscar en los discos. 

—Aquí está. 

Coge el vinilo y lo pone en el tocadiscos. La música empieza y lo primero que dice el cantante es: “Mi buena estrella surca sin cesar, en órbita el espacio sideral…”

—¿Mi buena estrella?

—Es tu nombre. 

Escucho la canción de pie, mirando el disco girar. De pronto solo se oye música, Juan me toma de las manos y me invita a bailar. Ahora entiendo que el comedor esté despejado. 

Acaba la canción y empieza otra. Más movida. Me gusta esta música. Mis pies quieren moverse aunque no saben muy bien como. Parezco un pato mareado. Empieza una más. 

—Me gustaría bailar como tú —le comento mientras lo veo moverse. 

—Te enseñaré a bailar esta, que es más fácil. 

Me coloca una mano en el omóplato y con la otra, me toma la mía. 

—Sigue el ritmo de la música y mira como muevo los pies: dos, tres, cha cha cha, seis, siete, cha cha cha. Muy bien, así. Ahora intenta no mirar al suelo, mírame a la cara. 

Le miro a la cara. Estamos cerca. Es mayor que yo, y bastante más alto. Sus ojos azules transmiten tranquilidad. Tiene cara de buena persona. 

Acaba la canción y dejamos de bailar. 

—¿Quién es ese? —pregunto mirando un disco colgado en la pared —Parece un mamodo con ese rayo en la cara y el pelo rojo. 

—Es maquillaje, aunque de él no me sorprendería nada ya. 

—¿Por qué tienes ese disco colgado de la pared? —pregunto extrañada.

—Es mi mayor tesoro. Me lo compró mi madre el año que nací. Nacimos juntos Aladdin sane y yo. Espera, lo voy a bajar porque hay una canción que creo que me decía cuál era mi destino. 

La música suena. Es preciosa. 

One day, though it might as well be someday —se pone a cantar Juan acompañando al cantante —you and I will rise up all the way, all because of what you are: The Prettiest Star

No puedo dejar de ver el disco girar. Cuando acaba la canción le pido que la ponga otra vez. Me pone el disco desde la primera canción para que lo disfrute entero. 

—«Time» es otra joya. Me voy a hacer la cena. 

Se va y me deja escuchando la música. 

*****

Cuando el disco termina, voy a buscarlo. La casa es muy pequeña así que lo encuentro enseguida en la cocina.

—¿Qué estás preparando? —le pregunto—. ¿Te puedo ayudar en algo?

—Puedes poner la mesa.

Juan me da un mantel amarillo con dibujos de hojitas verdes. Pongo los platos y demás menaje en la mesa y lleno una jarra con agua. 

—Siéntate —me pide Juan mientras pone la comida en la mesa. 

Me sirve la cena. Está buenísima y como con apetito.

Sin darme cuenta, acabo con toda la tortilla, la ensalada y la mayoría del jamón del plato. 

—Tenías hambre —se ríe Juan. 

—Lo siento. Es que los mamodos comemos mucho —digo avergonzada.

—No te preocupes, yo no tengo mucha hambre.

Me gusta mi compañero. Es generoso y divertido.

—Aún nos queda un tema delicado por tratar —me dice Juan, mirándome serio—. Verás —carraspea—. Bueno, el asunto es que vas a tener que dormir en el sofá, porque yo una noche la aguanto, pero más no porque no me caben las piernas. 

—Puedo dormir en el sofá, no te preocupes por eso —le contesto.

Juan me sonríe aliviado.

Después de cenar vamos al salón. Juan trae unas mantas para que las use a la hora de dormir y pone la tele. 

—El sorteo de la primitiva está a punto de empezar. 

Pone el boleto en la mesita y abre el libro:

—¿Digo el conjuro? —me pregunta. 

—Sí. 

Miro fijamente el boleto mientras él dice “Midoba”. El boleto brilla con luz verde. 

Empieza el sorteo y del bombo van saliendo una a una todas las bolitas que contienen nuestros números. 

Juan mira el boleto y la tele alternativamente con los ojos como platos. 

—¡Hemos ganado! —grita atónito. 

—¿Cuánto has ganado?

—Algo más de ciento cincuenta millones de pesetas —susurra. 

—¿Con eso suficiente para pagar mis gastos?

—Pues supongo que sí. ¿Te gustan los lugares fríos? Porque el próximo destino es el ártico. 

Continúa aquí:

https://supeingoreson.wordpress.com/2021/04/02/estrellas-de-tinta-abril-microrrelato-the-prettiest-star-8-el-circulo-polar-artico/

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Este relato pertenece al reto literario “estrellas de tinta” organizado por Katty. Podéis leer las bases aquí:

https://plumakatty.blogspot.com/2020/12/estrellas-de-tinta-reto-de-escritura.html?m=1

Objetivo: 19.- superpoderes.

Objetos ocultos: 11.- libreta y 12.- vampiresa

Relato brújula .

Urban fantasy 1/1

Sin dramas 3/6

Narcisista 2/2

Protagonista única femenina 2/3

Minorías en positivo 1/3

1999 palabras.